Deforestación

Fuera de Control en Venezuela

 

Julio César Centeno

 

 

 Antecedentes

 

A pesar de su enorme riqueza, Venezuela atraviesa una dramática coyuntura histórica. Se refleja tanto en su inestablidad económica y política, como en el continuo empobrecimiento de su población. Este proceso se ha acentuado desde 1982, cuando se precipitó la devaluación del bolívar. Desde entonces se ha profundizado la inequidad en la distribución de los costos y beneficios relacionados con el desarrolllo nacional.

 

La deuda externa ha alcanzado niveles sin precedentes, equivalentes al 70 por ciento del producto territorial bruto. Durante los últimos 20 años, Venezuela ha pagado más de sesenta mil millones de dólares en el servicio de la deuda externa. Esta a su vez aumentó a 39 mil millones de dolares en 1994. La deuda externa drena entre 25 y 30 por ciento del valor de las exportaciones anuales del país, convirtiéndose en uno de los principales obstáculos al desarrollo nacional.

 

Deforestación

 

El impacto de la inestabilidad económica y política ha venido acompañado por la erosión de los recursos naturales del país. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentacion (FAO Forest Resource Assessment 1993), entre 1981 y 1990 la deforestación anual promedio en Venezuela aumentó a más del doble de la que se registraba en la década de los 70, alcanzando un promedio de 600 mil hectáreas por año, el equivalente a mas de mil seiscientas hectáreas por día durante toda la década.

 

Al norte del Orinoco, donde se ubica la mayor parte de la población nacional, se ha perdido cerca del 60 por ciento de los bosques originales. Los bosques rema-nentes cubren apenas una quinta parte de esa mitad del país. Se encuentran además fraccionados en pequeños lotes, en su mayor parte severamente degradados. Como consecuencia, una buena parte de la población debe ahora soportar un persistente desabastecimiento de agua, tanto para el consumo doméstico, como para la irrigación de tierras, o para la producción de electricidad. El alarmante deterioro de las redes de distribución de agua en todo el territorio nacional aumenta el impacto del desabastecimiento de agua sobre la mayor parte de la población.

 

Entre las consecuencias de la destrucción de la cobertura de bosques al norte del Orinoco se encuentran también la pérdida de buena parte de la herencia biológica del país, el aumento tanto en la frecuencia como en la intensidad de sequías e inundaciones; y el creciente desabastecimiento de una amplia gama de productos tradicionalmente suministrados por los bosques, tales como leña, medicinas, alimentos y materiales de construccion.

 

 

Deforestación y el Efecto Invernadero

 

Durante la década de los 80, Venezuela le inyectó a la atmósfera terrestre 2.500 millones de toneladas métricas de gas carbónico, con un contenido de 700 millones de toneladas de carbono. En esta década, las emisiones de gas carbónico por habitante alcanzaron un promedio de 12 toneladas métricas anuales, muy superiores a las de países en niveles similares de desarrollo. Apróximadamente la mitad de las emisiones anuales de gas carbónico se debe al consumo de energía, y la otra mitad principalmente a la destrucción de la cobertura forestal del país.

 

 

Deforestación y Expansión de la Agricultura

 

La deforestación en Venezuela se debe principalmente a la conversión de tierras a la actividad agricola o pecuaria. Casi tres cuartas partes de la pérdida de bosques durante la década de los ochenta se encuentra relacionada directamente con la expansión de la agricultura. La mayor parte de los bosques originales de los estados Barinas, Apure, Aragua, Carabobo, Cojedes, Miranda, Lara, Falcon, Táchira y el Zulia han desaparecido en este proceso.

 

Aun áreas delimitadas como bosques permanentes han sido destruidas, ya sea dentro de zonas protegidas o en reservas forestales oficialmente destinadas a la producción permanente de madera comercial. De la reserva forestal de Turén, en el Estado Portuguesa, no queda nada aunque originalmente sus bosques se extendían sobre 116.000 hectáreas. Lo mismo ocurrió con el lote Boscoso de San Francisco, en el estado Bolívar, en donde se destruyeron 40.000 hectáreas de selva tropical. También ha desaparecido casi la totalidad de los lotes boscosos originalmente localizados al norte del Orinoco, en donde se han destruido mas de 300.000 hectáreas de bosques, y junto con ellos la riqueza biológica que albergaban. Estos lotes boscosos (Rio Tokuko, Rio Aricuaiza, Rio Tarra, Guaimaral, Rio Caripe y Rio Guanipa) habían sido decretados como bosques permanentes para la producción de la madera industrial.

 

Otras reservas forestales han perdido la mayor parte de su superficie original como Ticoporo, Caparo, San Camilo y Rio Tocuyo, en donde se han destruido 680.000 hectáreas de bosques naturales. De estas reservas forestales solo quedan fracciones, severamente intervenidas y con escasas posibilidades de sobrevivir para el fin de la década. Esta destrucción ha ocurrido a pesar que el articulo 57 de la Ley Forestal, de Suelos y Aguas establece: "En ningún caso se podrá colonizar o enajenar las reservas forestales sin la previa autorización del Congreso Nacional".

 

La mayor parte de la transformación de tierras públicas, originalmente boscosas, a la actividad agropecuaria bajo propiedad privada dentro de reservas forestales ha ocurrido sin autorización del Congreso Nacional por decisión principalmente de la Federación Campesina y del Instituto Agrario Nacional, con apoyo de los partidos políticos y de intereses económicos en las zonas afectadas. En Barinas, mercenarios de las tierras distribuyen impúnemente parcelas cubiertas por bosques, dentro de reservas forestales, patrimonio nacional. Los invasores de avanzada, la mayor parte campesinos sin tierras, son con frecuencia utilizados para el traspaso de tierras públicas a manos privadas. Los bosques invadidos son primero descremados de sus maderas comerciales más valiosas. Luego son talados y quemados. Después de unos años, la propiedad de las parcelas es transferida a los invasores, por aplicación de la "reforma agraria". Luego son vendidas a precios irrisorios a los terratenientes, políticos, ganaderos y caudilos que incitaron y apadrinaron las invasiones originales.

 

 

La Explotación de Madera Industrial

 

Cerca del 20 por ciento de la deforestación registrada durante la década de los 80 se encuentra relacionada, directa o indirectamente, con la explotación de maderas. Aunque suelen aprovecharse solo unos pocos árboles por hectárea, durante la explotación normalmente se destruye, o se causan daños severos, a un tercio de la biomasa. A las empresas concesionarias se les permite eliminar prácticamente el total de las reservas de maderas por encima de los diámetros mínimos de cortabilidad, los que a su vez han sido arbitrariamente establecidos. Los bosques remanentes, descremados de sus maderas más valiosas y severamente degradados, se convierten en presas de intereses que normalmente conducen a su conversión a la agricultura. En esta etapa del proceso, la conversión de bosques degradados a la actividad agrícola aparenta ser particularmente conveniente y competitiva, en especial ante la delicada dependencia alimentaria del país, y ante la explosiva combinación de la pobreza generalizada con las excesivas presiones de la deuda externa sobre los limitados recursos económicos disponibles. La extracción de maderas se ha convertido así en la primera etapa de un proceso que eventualmente conduce a la destrucción de la cobertura forestal, para convertir las tierras a la actividad agropecuaria y transferir su propiedad a manos privadas.

 

La explotación de maderas se concentra en unas pocas especies de alto valor comercial, conocidas como maderas preciosas, en lo que pueden considerarse operaciones de salvamiento previo a la desaparición de los bosques. Esto es promovido, indirecta pero efectivamente, por el Gobierno Nacional, a través de la aplicación de impuestos y regalías relativamente insignificantes. A pesar de los aumentos que se han registrados desde 1993, el valor que el estado le asigna a la madera extraída de los bosques nacionales varía entre tres y cinco dólares el metro cúbico, mientras que el valor comercial de ese mismo producto en el mercado local oscila entre 140 y 260 dólares por metro cúbico. Las maderas más valiosas generan mas ganancias, un poderoso obstáculo contra la extracción de especies menos valiosas, y contra esfuerzos por abrirles nuevos mercados.

 

Durante muchos años, hasta 1982, se cancelaban impuestos diez veces superiores a los actuales por las mismas maderas. Debido a que se especificaron en moneda local en los decretos oficiales corres-pondientes, su valor real se fue deteriorando con la devaluación de la moneda, hasta que se redujo a menos de medio dólar por metro cúbico en 1992. La regalía recibida por la nación venezolana por metro cúbico de una madera preciosa explotada en un bosque público es en la actualidad 47 veces inferior a la aplicada en países como Estados Unidos, Finlandia o Suecia.

 

 

Amenaza sobre Guayana

 

El nuevo escenario de la deforestación en Venezuela es ahora el estado Bolívar, en la Guayana Venezolana, una extensión natural del territorio Amazonas. El estado Bolívar tiene 24 millones de hectáreas. Se encuentra cubierto por bosques en un 70 por ciento de su superficie. Desde 1987, cerca de 3 millones de hectáreas de bosques tropicales naturales han sido entregadas en concesión para la explotación de maderas en esta parte del país.

 

El Noveno Plan de la Nación y el Plan de Estructuración y Recuperación Económica, reciente-mente presentados al país a través de la Oficina de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República (Cordiplan), identifican al sector forestal como elemento prioritario para impulsar el desarrollo económico del país. Establecen la expansión de las concesiones forestales, de apróximadamente 3 millones y medios de hectáreas en la actualidad, a cerca de 12 millones de hectáreas en el futuro inmediato. Todas las nuevas concesiones se otorgarían en el Estado Bolívar, cuyos bosques de destacan no solo por la abundancia de maderas preciosas, sino también por su especial riqueza genética, por su valor estratégico, y por la fragilidad asociada a su delicado balance ecológico.

 

 

Instrumentos de la Deforestación

 

Los recursos boscosos del país están siendo saqueados y destruidos inescrupulosamente, baja la mirada cómplice de autoridades nacionales y locales. La reforma agraria, con frecuencia utilizada para encubrir esta destrucción, es una farsa escondida tras la devastación del patrimonio forestal del país. Después de 30 años de "reforma agraria", Venezuela es uno de los países de América Latina con mayor concentración de tierras agrícolas en pocas manos.

 

La deforestación en Venezuela se ha convertido en una amenaza a la estabilidad nacional, en un crimen contra nuestros descendientes. La ineptitud y complicidad de los organismos oficiales, en quienes la ciudadanía ha delegado la responsabilidad de velar por la protección y el buen manejo de esos recursos, se ha convertido en una amenaza contra la estabilidad ecológica, y por lo tanto contra la estabilidad económica y social del país. Depende ahora en buena medida de la ciudadanía, detener y revertir ese proceso, en defensa de los más altos intereses nacionales.

 

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